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EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

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Convertirnos en CHULLACHAQUIS: Seres Vacíados del Alma

La película «El abrazo de la Serpiente» (2015) puede leerse como una meditación sobre la fractura ontológica entre dos formas de conciencia: la cosmovisión indígena amazónica —integrada, relacional, simbólicamente saturada— y la racionalidad occidental moderna —analítica, extractiva y progresivamente desarraigada de lo real vivido.

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1. Conciencia escindida y pérdida del “alma del mundo”

El eje psíquico del relato se articula en torno a Karamakate, último superviviente de su pueblo, que encarna una conciencia herida: no solo por la devastación colonial, sino por una forma más profunda de desintegración interior. En términos cercanos a Carl Jung, Karamakate deviene una “sombra” de sí mismo: un sujeto que ha perdido la conexión con el inconsciente colectivo que antes estructuraba su identidad. La selva ya no es plenamente “habitada” simbólicamente, sino recorrida como un residuo de memoria.

La película sugiere que la colonización no es solo territorial, sino psíquica: implica la destrucción de los sistemas simbólicos que median entre el individuo y el mundo. En este sentido, la pérdida del conocimiento de la yakruna (planta sagrada) equivale a una amnesia ontológica: el olvido de los códigos que permiten experimentar la realidad como totalidad significativa..

En este sentido, la película se sitúa en una línea crítica que va de la antropología estructural a la psicología profunda: la modernidad aparece como un proceso de empobrecimiento simbólico cuya consecuencia última es una forma de soledad ontológica.

2. El otro como espejo: dialéctica del encuentro imposible

Los dos científicos occidentales (Theodor y Evan) funcionan como duplicaciones temporales de una misma figura: el sujeto moderno en busca de sentido fuera de sí. Su viaje no es meramente geográfico, sino una tentativa —fallida— de reintegración simbólica.

Aquí puede leerse una dialéctica próxima a Georg Wilhelm Friedrich Hegel: el encuentro con el otro (Karamakate) no culmina en reconocimiento mutuo, sino en una relación asimétrica donde el saber indígena es instrumentalizado. El europeo busca “comprender”, pero bajo categorías que ya presuponen la dominación del objeto.

Desde una clave más contemporánea, cercana a Claude Lévi-Strauss, la película evidencia el fracaso del pensamiento occidental para acceder a sistemas simbólicos radicalmente otros sin reducirlos a su propia lógica.

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3. Tiempo circular vs. tiempo lineal

Uno de los dispositivos formales más relevantes es la superposición de los dos viajes en el tiempo. Esto introduce una concepción no lineal del devenir, más próxima a cosmologías indígenas donde pasado, presente y futuro coexisten en un mismo plano de experiencia.

Frente al tiempo progresivo occidental —ligado a la idea de acumulación y progreso—, la película propone un tiempo circular, donde la repetición no es estancamiento, sino forma de continuidad ontológica. Sin embargo, esta circularidad aparece rota: Karamakate viejo ya no recuerda plenamente, lo que indica que incluso el tiempo mítico ha sido erosionado.

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4. Psicopatología de la colonización

Uno de los núcleos más perturbadores es la misión religiosa degenerada en culto delirante. Aquí la película roza una lectura clínica: la imposición violenta de un sistema simbólico externo produce formas de psicosis cultural. El sujeto indígena, despojado de sus marcos de sentido, queda expuesto a una reorganización delirante de la realidad.

Este fenómeno puede interpretarse en términos de Frantz Fanon: la colonización genera patologías tanto en el colonizado (alienación, pérdida de identidad) como en el colonizador (violencia normalizada, disociación moral).

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5. La experiencia límite: disolución del yo

El clímax, asociado al consumo de la yakruna, introduce una dimensión propiamente mística: la disolución del yo como condición para acceder a una realidad no fragmentada. Este momento puede leerse tanto desde la fenomenología de lo sagrado (Mircea Eliade) como desde una perspectiva psicodélica contemporánea: la suspensión de las estructuras ordinarias de percepción permite una reconfiguración radical de la experiencia.

Sin embargo, la película no presenta esta experiencia como solución, sino como umbral ambiguo: el acceso a lo absoluto llega tarde, en un mundo ya devastado.

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Síntesis:

El abrazo de la serpiente plantea que la crisis moderna no es únicamente ecológica o cultural, sino profundamente psíquica: una ruptura en la relación entre sujeto, mundo y símbolo. La selva no es solo un espacio físico, sino una metáfora de la mente en su estado originario: densa, interconectada, portadora de significados múltiples.

La tragedia no radica solo en la destrucción de ese mundo, sino en la incapacidad de recuperarlo plenamente incluso cuando se lo busca. El conocimiento perdido no puede ser simplemente reaprendido, porque las condiciones mismas de la experiencia han cambiado