EL CUENTO DE DARWIN Y LOS DOCUMENTALES DE TV2
El texto con el que comienza la epopeya de Gilgamesh, escrita hace cerca de cinco mil años, es apropiado para la reflexión de hoy.
Sin apenas haber sido consciente de ello, constato que llevo siete décadas asistiendo a una escuela muy particular. Master Class de biodiversidad. De las no demasiado abundantes ventajas que trajo la televisión. Estoy refiriéndome a los documentales de naturaleza, vistos con asiduidad aprovechando las sobremesas.
En España, los ofrecidos por TV2. Principalmente, BBC o RTF. Obras pioneras de David Attenborough, Cousteau, etc. También, Félix Rodríguez de la fuente en RTVE. Verdaderos Institutos gratuitos de educación al alcance de todos los públicos. Casi un aula de experimentación tecnológica práctica, en la medida en que las imágenes mostradas eran de altísima calidad; Cámaras lentas con gran definición, paisajes africanos únicos, selvas vírgenes… Hablaban por sí solas.
Y fruto de las ingentes horas de visionado tenidas durante los previos de la siesta, he deducido que la teoría de Darwin de la evolución flaquea. Aun con muchísimos descubrimientos en su haber, necesita revisión.
Lo he expuesto en cantidad de conversaciones domésticas y escrito pequeñas reflexiones al respecto en algún libro. No creo en las evoluciones azarosas, Discuto que sea ciega; fruto de errores en las mutaciones, de azares combinatorios…
Meridianamente, mis ojos, cuando captan las imágenes de los superpoderes que exhiben animales y plantas, ven intención. Observan prodigios infinitos, a mi parecer, imposibles de explicar con la Teoría de la Probabilidad.
La más elemental de las lógicas sugeriría que, en las adaptaciones de todas las especies, hay inteligencia detrás.
Esta es la suposición que manejo sin llegar a poder plantearla como hipótesis puesto que al día de hoy no es posible demostrarla. Algo existe dentro de nuestros cuerpos y el cerebro que no es ciego. Una suerte de Centro de Investigación oculto. Llámese genoma o epigenoma. Sigue en pie el misterio de este en concreto. Un automatismo hasta la fecha indescifrado, capaz de aprender del medio, capaz de elaborar respuestas propias al medio, producir soluciones biológicas a los desafíos existenciales del entorno cambiante, fabricarlas con las sustancias que digerimos. Sean hilos de seda, toxinas, sonares, facultades de mimetización, anticuerpos…Por no hablar de las extraordinarias simbiosis de cooperación entre especies.
En algún lugar que desconocemos los seres vivos contamos con un laboratorio interno que resuelve problemas. Si necesitamos uñas o garras, crea queratina con los alimentos que comemos, metabolizándolos, combinándolos. Crea ojos, piel, sentidos…
Ahora mismo estoy viendo un documental de la isla de Borneo, de los últimos reductos cuasi-vírgenes del planeta.
Entro en el jardín de Alicia que son todos los ecosistemas y quedo, como siempre, asombrado de las maravillas que contemplo. Observo una araña que caza, no pasiva sino activamente, lanzando la telaraña. Al pez arquero que dispara con precisión balas de agua contra las hormigas que comen hojas en los manglares fuera del agua calculando corregir la deflexión. Pulpos y peces que caminan marisqueando si hace falta. Pescadores humanos, delfines y cormoranes colaborando para diezmar los bancos de sardinas y alimentarse, cucos que ponen la cria en nido ajeno, etc, etc…
Observo millones de adaptaciones exitosas. Adaptaciones singulares, específicas. Y deduzco que ni siquiera con el transcurso de los siglos -en contra de las aseveraciones de Darwin y Wallace- serían probabilísticamente posibles.
¿Cuál es la probabilidad de que, por errores de mutación, por azares combinatorios de probióticos, proteínas o aminoácidos, un murciélago pueda desarrollar un sonar de finura milimétrica, capaz de atrapar mosquitos en el aire y en la oscuridad?
¿Cuál es la probabilidad de que una evolución ciega genere plantas carnívoras que disponen trampas y aromas atractores de insectos, pequeños mamíferos y aves? ¿De que las acacias generen componentes tóxicos en las hojas, de manera que al poco de que unos depredadores lleguen al extremo de un bosque, éstas multipliquen su concentración para hacerlas indigestas? ¿Y cuál el sistema que utiilzan para transmitir a distancia el peligro a los árboles del otro extremo del bosque?
¿Cuál es la adaptación por errores que permite que unos monos o unas hormigas puedan digerir enormes concentraciones de sales sin que les afecte? ¿Cuál la probabilidad de que una medusa hospede dentro de sí microalgas sintetizadoras de luz de forma que ella, luego, pueda absorber esa energía?
Podría seguir hasta el infinito. Cada especie es una creación única. Y cada individuo un “producto cuasi perfecto”
En mi opinión esa probabilidad es infinitesimal. Todas estas “tecnologías biológicas” caerían alojadas fuera de los límites de cualquier campana de Gauss por inmensa que fuera. Y, sin embargo, nuestro planeta aparece plagado de esos logros y simbiosis. También, de cooperaciones y competiciones inter especie. extrañísimas. Añadidamente, véase al respecto el mundo de los insectos y sus crueles parasitaciones depredadoras, o las increíbles metamorfosis de que hacen gala.
El debate de fondo sigue siendo el mismo. Creación o Evolución
Así que no pude sino felicitarme de la llegada del aparato monstruoso televisivo a los hogares; capaz por otra parte, de acabar con las comunicaciones directas humanas. Cada invento trae ventajas y despropósitos.
Doy gracias a los documentalistas citados. A tantos y tantos exploradores científicos que nos han acercado las maravillas del mundo, las maravillas frecuentemente invisibles. Doy gracias porque sus filmaciones han contribuido a que pudiera captar ese conocimiento que valoro tanto. Un conocimiento que regala tranquilidad, permite estar relativamente tranquilo en el mundo porque lo entiendes.
Porque a pesar de sus insondables misterios, intuyes las fuerzas internas que lo mueven sin necesidad o con la duda de que exista o no exista Creacionismo.
Hay dinámicas inconscientes indudables. Aquello de “A hombros de gigantes” materializado. Olvidamos que un porcentaje elevadísimo de los organismos funcionan de modo autónomo sin participación de la voluntad.
Gocemos de ir comprendiendo poquito a poquito los mecanismos por los que las especies van desarrollando sus capacidades, facultades y superpoderes.
Así entiendo yo a mi planeta y descreo de que haya alguna especie que no sea inteligente. Todas cuanto observo son igual o similarmente inteligentes a los humanos. Ello me aporta una cuota extra de humildad, y me la exige cabalmente. Y, sobre todo, llena mis días de tareas y entusiasmo ante los descubrimientos que alcanzaremos a conocer.
¡Con la actitud de Gilgamesh y Enkidu, en el viaje iniciático que emprendieron en busca de las claves y secretos de la inmortalidad que se esconde detrás de los super poderes de animales y plantas!
