¿Qué buscan los directores de cine, especialmente; o los productores de las películas?
Lógicamente, que el metraje atraiga e interese a los espectadores, la trama penetre en sus pensamientos y sobre todo en el corazón. Será el modo de que aquellos obtengan prestigio y crédito y los inversores obtengan los beneficios que les enriquecen.
Aquellos, buscan atrapar sus emociones, engancharles a la visión completa de la película y sembrarles semillas de reflexión sobre la misma que, cual las efímeras, sobrevivan siquiera unas horas después del pase y caer a la corriente del vertiginoso río mundial consumista que lo arrastra todo.
Pues eso es lo que consigue a la perfección “Cinderella Man”, una película interpretada por el magnífico actor que es el inglés Russell Crowe, secundado por una docena de estupendos actores, entre los que no destaca la actriz Renée Zellweger -como es habitual- lo que no quita ni empaña su especial vis, que produce simpatía espontánea.
El film está basado en hechos reales y se aprovecha de ellos para exponer que la vida es un combate de boxeo donde, siguiendo el refrán chino, “caer está permitido, pero levantarse es obligado”.
Un metraje realizado a la antigua, con gran profusión de medios y extras reales, capaces de llenar un recinto como el Madison Square Garden y hacer de claq. Además de cuidados diálogos y secuencias igualmente verosímiles, más una fotografía exquisita donde se agradece que cada fotograma sea un óleo vivo de los EE.UU. durante la gran depresión 1929-1939.
Es en los diálogos donde radica uno de los principales atractivos. El enfoque que enfatiza las relaciones de complementación entre varón-mujer, tan distantes del actual que agudiza los enfrentamientos. Se rodó en 2005 y se nota. Todavía no había llegado a Hollywood el sesgado y comercializado movimiento Me Too. Las relaciones intergénero que aparecen son de alianza entre los sexos; más que nunca necesarias cara a combatir el terrible crack de Wall Street que generó quince millones de desempleados, hambruna, frio, suicidios, mortandad infantil, etc.. Marido y mujer se apoyan mutuamente, se aman, consuelan y compensan.
El resto del film es un derroche de planos exquisitamente montados con un logradísimo efectismo de las luchas en el ring. No he visto muchas pelis de boxeadores, pero recuerdo que las críticas aplaudieron cintas como Toro salvaje (Robert de Niro) y otras, incluida alguna de Sylvester Stallone.
En todo caso, ésta merece ser reseñada y así lo hago. Como siempre, me gusta recomendar un par de escenas. Les aconsejo que presten atención a la secuencia de la cena en el restaurante y las conversaciones de complicidad y transmisión de valores de la pareja entre sí y con su prole. También, cuando él entra a pedir limosna en el selecto club del Square Garden.
Es seguro que, en general, aunque vayan a tener el corazón encogido durante una hora y media larga por la incertidumbre de cada situación, merece la pena verse. La vida en Estados Unidos en 1935 queda bien retratada. Similar a la que actualmente padecen cientos de millones de personas.
A destacar la interpretación del promotor de boxeo (Ron Canadá) y la de los periodistas que relatan las crónicas de las luchas. Me emplazo a analizar en un futuro el porqué hay pueblos que dan personalidades con tanto coraje. Casi siempre montañeses y labradores o marinos. Cuál es el caso de irlandeses, vascos, turcos, judíos y, en algún momento, españoles (siglo XVI). Algo me dice que es una conjunción entre la dureza de las condiciones de vida y la posesión de la fe…